Las provincias ante un nuevo modelo de innovación pública

Las provincias pueden tomar como referencia un modelo de innovación pública que gana espacio entre administraciones estatales que buscan reorganizar sus servicios frente al avance de la inteligencia artificial, las restricciones presupuestarias y la necesidad de simplificar trámites. El informe Government Trends 2026, elaborado por el Deloitte Center for Government Insights, describe una administración basada en plataformas compartidas, equipos flexibles, servicios organizados alrededor de las necesidades de las personas y regulaciones apoyadas en datos. Para provincias con numerosos municipios y un fuerte entramado productivo, como Entre Ríos, estas ideas ofrecen criterios para pensar cómo ordenar la digitalización y evitar que cada organismo resuelva por separado problemas similares.

Qué cambia en el modelo de innovación pública

La digitalización del Estado suele comenzar con la incorporación de tecnología a procesos existentes. El enfoque analizado por el informe propone revisar también la forma en que las administraciones organizan su trabajo.

El cambio parte de una premisa operativa. Cuando cada área desarrolla sus propias herramientas, datos y procedimientos, la tecnología puede multiplicar sistemas aislados. Un modelo basado en componentes compartidos busca que distintas dependencias puedan utilizar recursos comunes y formar equipos según las necesidades de cada misión.

Equipos pequeños para problemas específicos

El modelo prioriza equipos multidisciplinarios y flexibles frente a grandes proyectos tecnológicos rígidos y de varios años. Estos grupos pueden reunir perfiles técnicos y funcionarios de distintas áreas para resolver una necesidad determinada.

La lógica modifica la relación entre tecnología y gestión. En lugar de definir primero un proyecto tecnológico extenso y después adaptarlo a las necesidades administrativas, los equipos trabajan sobre problemas concretos y utilizan plataformas reutilizables.

Para administraciones con recursos limitados, este criterio también cambia la forma de pensar la inversión tecnológica. Una herramienta que puede utilizarse en distintas áreas tiene un alcance diferente al de un sistema diseñado para un único trámite.

La infraestructura digital pasa a ser compartida

El modelo presentado por el informe asigna al liderazgo tecnológico una función más amplia. Las áreas de tecnología participan en la definición de estándares de datos, ciberseguridad e infraestructura compartida.

Esto resulta especialmente importante cuando distintos organismos necesitan intercambiar información. Si cada sistema utiliza estructuras diferentes, integrar servicios exige desarrollar conexiones específicas. Los estándares comunes reducen esa fragmentación y permiten reutilizar componentes.

La cuestión también alcanza a los municipios. En una provincia con ciudades como Paraná, Concordia, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay, una arquitectura compartida podría servir como referencia para evitar que cada administración desarrolle desde cero herramientas destinadas a resolver problemas similares.

El código abierto como alternativa de cooperación

Este enfoque podría impulsar un ecosistema de código abierto y estándares de datos comunes para áreas como las habilitaciones comerciales o la gestión catastral.

El mecanismo es sencillo. Una solución desarrollada para una administración puede adaptarse a otra si existen componentes reutilizables y reglas comunes para organizar los datos.

Esto cambia el eje de la cooperación tecnológica entre organismos. La colaboración deja de depender exclusivamente de proyectos independientes y puede apoyarse en recursos que varias administraciones utilizan y adaptan según sus necesidades.

Servicios públicos organizados alrededor de las personas

Otro de los cambios señalados por el informe consiste en ordenar los servicios a partir de eventos de la vida y no de la estructura interna del Estado.

Para una persona, una actividad administrativa puede involucrar varias oficinas y organismos. El ciudadano debe identificar qué dependencia corresponde, qué documentación necesita y en qué orden realizar cada gestión.

Una plataforma unificada puede organizar ese recorrido desde el problema que la persona necesita resolver. La tecnología, incluida la inteligencia artificial aplicada, permite integrar distintos servicios y ofrecer puntos de entrada comunes.

El enfoque también puede aplicarse a la actividad productiva

En Entre Ríos, este criterio puede trasladarse a las actividades económicas mencionadas en la fuente. Un productor citrícola, arrocero o forestal, así como un emprendedor turístico, puede necesitar realizar gestiones ante distintos organismos provinciales y municipales.

Organizar esos servicios alrededor de eventos productivos permitiría presentar las gestiones según la actividad y no según el organigrama administrativo.

La diferencia es relevante porque el usuario no piensa su actividad en términos de ministerios. Piensa en habilitar un establecimiento, iniciar una producción, desarrollar una actividad turística o completar una determinada etapa administrativa.

Regulación apoyada en datos

El modelo también incorpora una modificación en la manera de gestionar las normas. La fuente describe una regulación más ágil y basada en datos, con herramientas de evaluación de riesgos destinadas a simplificar el cumplimiento.

Las regulaciones estáticas pueden generar procedimientos iguales para situaciones con niveles de riesgo diferentes. Un sistema apoyado en datos permite evaluar esos riesgos y ajustar los mecanismos de control según la información disponible.

La aplicación de este criterio requiere que los organismos cuenten con datos organizados y estándares que permitan utilizarlos. Por eso, la regulación aparece vinculada con la arquitectura tecnológica y no como un proceso separado.

Inteligencia artificial con una función operativa

La inteligencia artificial ocupa un lugar dentro de este modelo como parte de las herramientas que pueden utilizar las administraciones para organizar servicios y procesos.

Su utilidad, según el enfoque presentado, depende de cómo se integre con las plataformas, los datos y los procedimientos existentes. La incorporación de IA por sí sola no modifica la estructura de un trámite si el usuario continúa recorriendo las mismas oficinas y sistemas desconectados.

La cuestión tecnológica queda así vinculada con el diseño del servicio. La herramienta tiene que integrarse en un proceso que permita resolver la gestión de manera más directa.

Qué implica para Entre Ríos

La adaptación del modelo a Entre Ríos requiere considerar las capacidades existentes en la provincia y en sus municipios. Este enfoque pone el acento en la optimización de recursos, la cooperación entre administraciones y la participación de los agentes públicos en el rediseño de las tareas.

La cultura interna ocupa un lugar importante en ese proceso. Los trabajadores estatales conocen los procedimientos cotidianos y pueden identificar obstáculos que no siempre aparecen cuando un proyecto tecnológico se diseña desde afuera.

Experimentar antes de escalar

La fuente propone trabajar mediante ciclos cortos de prueba, una modalidad que permite modificar procesos a partir de la experiencia de quienes participan en ellos. El enfoque también puede reducir la dependencia de grandes proyectos de consultoría externa y fortalecer la capacidad interna para probar, ajustar y reutilizar soluciones.

Para una estructura provincial que debe interactuar con numerosos municipios, esta capacidad puede resultar especialmente útil cuando una solución necesita adaptarse a diferentes realidades administrativas. Una arquitectura tecnológica compartida también podría facilitar esa cooperación, siempre que las plataformas y los estándares sean diseñados para su reutilización.

La innovación pública provincial podría apoyarse, bajo este enfoque, tanto en la tecnología disponible como en la capacidad de las instituciones para compartir herramientas, datos y conocimientos. La tecnología que una administración incorpora también condiciona cuánto puede cooperar con las demás, porque los sistemas, los datos y las reglas de intercambio determinan la posibilidad de construir servicios comunes sin duplicar esfuerzos.